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3. Vivir desde el amor

Lo que da sentido a nuestra vida


FRASE PARA ESCRIBIR EN UN LUGAR VISIBLE A TODOS:

“Tú eres mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mc 1, 11)

FINALIDAD DE LA REUNIÓN

  • Tomar conciencia de la importancia de amar y ser amado en el sentido de nuestra vida.

  • Reconocer el amor como fuerza transformadora de la persona y como camino que conduce al bien común.

 


REVISIÓN DEL COMPROMISO ANTERIOR:

¿Revisaste tu salud física, mental, afectiva y espiritual? Comparte cómo te sientes ahora y qué decisiones tomaste. Si encontraste algún aspecto de tu salud que tienes que cuidar más y por qué. Descubriste si estás cuidando la vida en ti o si la estás descuidando. Comparte por qué crees o piensas eso. 

 

VEAMOS UNA EXPERIENCIA:

Manuel, esposo de Josefina, recibió el premio al mejor empleado del año. Esta es una razón para sentirse feliz y satisfecho para alguien a quien le gusta su trabajo y se siente realizado en esa empresa. Sin embargo, dice su amigo Pablo que trabaja también en la misma empresa, que Manuel recibió el premio sin entusiasmo y no lo presumió con su esposa y sus hijos, sino que lo escondió. No lo mostró a su familia ni a sus amigos. 



El premio lo recibió porque, además de hacer bien su trabajo, trabaja más horas que los demás. Con frecuencia es el último en salir, de hecho, los jefes de la empresa, le dejan las llaves para que cierre cuando él se va, a veces ya muy noche. Muchos lo admiran, lo respetan y hasta lo envidian porque las autoridades de la empresa lo ponen como ejemplo de trabajador y lo tienen como el empleado de confianza.

 

Pablo cuenta que, la razón por la que se queda más tiempo que los demás en el trabajo, es porque en su casa nadie lo aprecia, nadie valora su esfuerzo, que nadie lo quiere. Siente que su esposa lo atiende de mala gana, que sus hijos ni se dan cuenta cuando llega y cuando se va porque se pierden mirando sus redes sociales en sus celulares.



Dice que el trabajo le ayuda a no pensar que su vida no tiene importancia para su familia y que el trabajo le hace, al menos, pensar que es útil para algo. Que quisiera que el día no terminara para no llegar a su casa y así no encontrarse con malas caras o con la indiferencia. Con tristeza, a veces dice, que hasta siente que ya no quiere ni a su esposa ni a sus hijos. Que no se siente feliz con su familia. Que le duele sentir que el trabajo es un escape para no sentir que no es amado.

 

REFLEXIÓN PARA COMPARTIR:

En el tema anterior recordamos que nuestra vida vale la “Sangre de Cristo”, por eso dijimos que tiene un altísimo valor que nadie puede pagar, porque Dios pagó con su vida misma. Por eso, no valorarla así como la valora Él, es pecado. Que despreciarnos, maltratarnos, descuidarnos… es lo mismo que despreciar, tratar mal, descuidar a Dios en nuestra persona. También recordamos que esa vida que nos habita es de Dios, no es nuestra, por eso no podemos disponer de ella a nuestro antojo o darnos el “lujo” de descuidarla, sino que es una realidad muy valiosa que Él puso en nuestro ser para custodiarla y cultivarla de tal manera que produzca frutos para nosotros y para los demás.



El problema, con frecuencia, es que no nos amamos a nosotros mismos y, por eso, nos descuidamos y debilitamos la vida en nosotros, sobre todo cuando no nos sentimos personas amadas, razón por la que, a veces el sinsentido de nuestra vida se vuelve el motor de nuestra convivencia con uno mismo y con los demás. Y es que, cuando sentimos y creemos que significamos poco o nada para quienes nos rodean, podemos pensar que somos “invisibles”, “innecesarios” y, hasta podemos creer que somos un peso o un “estorbo” para los demás.


Todos tenemos dificultades, adversidades, problemas… también podemos tener a una o varias personas a las que no les somos agradables y pueden hacernos sentir que no nos quieren, sí. Pero, cuando el amor se vuelve el motor de nuestra existencia, las heridas y los golpes de la indiferencia, del rechazo o del maltrato de quienes no nos ven con buenos ojos, aunque sea doloroso, no nos derriban, no nos hunden, no nos destruyen, mucho menos detiene nuestro camino. Porque sentirse una persona amada por alguien, es lo que da sentido y fuerza a nuestra vida.



Esto es lo que sucedió con Jesús. Todos sabemos que su vida y la convivencia con muchos no fueron fáciles. Que había muchas personas que no solamente no lo comprendían o estaban en desacuerdo con Él, sino que lo odiaban y buscaban destruirlo de diversas maneras y, sabemos, que lo lastimaron, lo coronaron de espinas, lo llevaron al Calvario, lo crucificaron y le destrozaron el corazón. Cierto, pero todas esas heridas de muerte, todo ese dolor infringido por quienes gastó su vida haciéndoles el bien, no debilitaron nunca el sentido de su existencia y la satisfacción de pasar su vida haciendo el bien a todos.


¿La razón? Nunca olvidó la Voz de su Padre Dios que le dijo, cuando fue a bautizarse con Juan el Bautista y cuando la nube lo cubrió en el monte: “Tu eres mi hijo AMADO en quien me complazco”. Es decir, Dios le dijo “te amo y estoy contento contigo, tú me haces feliz”

Esta fue la razón, el motor que movía su existencia en función del bien sin distinción de nadie, aunque no lo trataran bien, aunque la ingratitud y el maltrato fueran la respuesta, aunque sintiera que no lo querían… la convicción de que había un AMOR MAYOR al de cualquier ser humano, un amor que nunca se acaba y que esa Persona que llamamos Dios lo amaba, es lo que hacía que hasta lo que no tenía sentido tuviera una razón de ser.  



Sentirse una persona amada por alguien, hace que dejemos de sentirnos anónimos, ignorados, invisibles, insignificantes… lo que piensen, crean o hagan los demás que nos ignoran, nos desprecian o no nos quieren, deja de tener efectos negativos en nosotros porque simplemente no nos interesa ya que tenemos a alguien que nos quiere, que nos ama… Y esta fuerza para no dejarnos destruir o desmotivar para hacer el bien, se vuelve más grande cuando somos capaces de creer y sentir que la Persona que nos ama no es cualquier ser humano sino el mismo Dios, nuestro Papá.


Sabemos que Él nunca nos dejará de amar y, por eso, no mendigamos amor a nadie como condición para buscar su bien, a pesar de su ingratitud, su indiferencia o maltrato. Porque nos mueve el Amor de Dios y a Dios, no el amor pequeño de alguien que ni siquiera nos voltea a mirar.

Los discípulos experimentaron también la mirada amorosa de Dios cuando Jesús pasó por sus vidas anónimas, insignificantes, ignoradas… Cuando estaban diluidos en figuras colectivas como “pescadores”, “galileos”, “recaudadores”… sin nombre, sin significado ni importancia individual, personal… Pero cuando Jesús los miró de entre la multitud y los llamó a estar con Él, dejaron de ser un número, dejaron de ser “nadie” y comenzaron a existir como Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Mateo, Judas… en fin, comenzaron a ser ellos mismos, con nombre propio y su vida comenzó a tener un rumbo, una dirección, un sentido, un por qué y un para qué existir… Comenzaron a sentirse amados y eso, era más que suficiente para pasar su vida haciendo el bien.



Quizá sea importante preguntarnos y responder con honestidad si estamos existiendo desde el amor, es decir, si nos sentimos personas amadas, si creemos que Dios nos ama y eso nos basta, o si estamos existiendo y conviviendo desde nuestras heridas, nuestros resentimientos o nuestros dolores… y tal vez, por eso, no hacemos el bien que es la manera más visible de amar a los demás incondicionalmente, así como nos ama Dios.


ENCUENTRO CON LA PALABRA DE DIOS

Nos ponemos de pie. Leer el siguiente texto bíblico:

 

“Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.» Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.» Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo.” (Mt 17, 1-8)

 

SILENCIO Y REFLEXIÓN

Reflexionemos en silencio.


PARA COMPARTIR:


  • ¿Qué te hace pensar el texto que escuchamos a partir de lo que hemos compartido?

  • ¿Te sientes una persona amada o no? ¿Por qué?

  • ¿Tus heridas, resentimientos o dolores pesan más que el amor a ti mismo-a? ¿Por qué?

  • ¿Vives desde tus heridas y dolores?

  • ¿Conoces a personas que viven desde sus tristezas, amarguras y dolores? ¿Qué consecuencias tienen en ellas y en quienes las rodean?

  • ¿El bien que haces nace del amor o es solamente un escape para no dejar que la tristeza, el dolor o el sinsentido de tu vida no te hundan?

 

ORACIÓN COMUNITARIA

De manera espontánea expresar en voz alta la oración que Dios haga surgir de tu corazón.



COMPROMISO

PARA TU PROYECTO VIDA. Después de haber asumido el compromiso de revisar tu salud física, mental, afectiva y espiritual, ahora revisa las motivaciones o razones que mueven tu convivencia y tus acciones. Haz una lista de personas con las que convives con frecuencia y otra lista de actividades que realizas cotidianamente. Luego señala las personas con las que convives porque las amas y señala también las actividades o acciones que realizas con gusto porque amas hacerlo. Separa lo que amas y lo que no, para luego comenzar a enfocarte más en las personas y acciones que amas. Esto te ayudará para fortalecer y clarificar, más adelante, los objetivos y recursos para tu proyecto de vida personal.

 

  1. CANTEMOS JUNTOS:

 

Yo siento, Señor, que Tú me amas;

yo siento, Señor, que te puedo amar.

Háblame, Señor, que tu siervo escucha,

háblame, ¿Qué quieres de mí?.

 

Señor, Tú has sido grande para mí,

en el desierto de mi vida háblame.

Yo quiero estar dispuesto a todo,

toma mi ser, mi corazón es para ti,

/por eso canto tus maravillas, por eso canto tu amor /2

 

Te alabo, Jesús por tus grandeza,

mil gracias te doy por tu gran amor.

Heme aquí, Señor, para acompañarte,

heme aquí, ¿Qué quieres de mí?.

 

(Grupo Kairoi)



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