Reconstruir nuestra dignidad mexicana desde la diferencia
- Joel Cruz Reyes
- hace 4 días
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Revelar nuestro rostro mexicano afrodescendiente

Es todavía muy común encontrar personas que creen que en México no hay mexicanos afrodescendientes. Esta es una de las razones por las que los pueblos afromexicanos son invisibles étnica, cultural y espiritualmente. Esta condición invisible los coloca en desventaja social, económica, política y religiosa en nuestro país porque no son vistos como ciudadanos o como miembros de la Iglesia con rostro propio, aunque haya regiones donde existen comunidades cuyas tradiciones, religiosidad y etnicidad hagan evidente la mexicanidad afrodescendiente.

El impulso de la visión de la mexicanidad como “mestiza” influyó mucho en la autopercepción y autorreconocimiento de los mexicanos afrodescendientes y, quizá, por eso muchos de ellos no se reconocen desde la raíz africana, aunque ésta sea muy profunda y evidente. Teniendo presente esta realidad, el primer desafío de la Pastoral Afromexicana es abrir procesos donde los afrodescendientes conecten su autoconciencia con África como lugar originario fundamental de su identidad mexicana, para que puedan salir del silencio e invisibilidad social y eclesial.

Si miramos el camino de visibilización del México afrodescendiente, podemos descubrir pequeñas luces que comenzaron a brillar en la segunda mitad de los años 90s, sobre todo a partir del año 1996. Iniciativas que comenzaron a hacer “ruido” en el Estado de Oaxaca y Guerrero, sobre todo en la región de la Costa Chica donde se comenzaron a abrir espacios donde la voz afromexicana comenzara a escucharse. En esos años se comenzó a dar a conocer quiénes somos, cómo vivimos, cómo pensamos, cuál es nuestra problemática, cuales son nuestros valores… el grito era: ¡Queremos ser escuchados y vistos como mexicanos afrodescendientes!

Este camino de visibilización sociocultural, porque este fue el primer ámbito que se comenzó a mirar, nos hizo volver la mirada a nuestras tradiciones, costumbres, danzas, bailes, música… todo aquello que nos hace diferentes y comenzar a mostrarlas en los espacios de convivencia y comunicación cultural. Este primer paso del camino nos hizo descubrir que había una especie de “negación” y “olvido” intencional en nosotros mismos porque, consciente o inconscientemente, queríamos “borrar” la sombra de la esclavitud vivida por nuestros antepasados.

Al ir tomando conciencia de que ni la crueldad de la esclavitud logró arrancar los saberes y el espíritu de África en nuestros antepasados y que, por eso, aún viven en nosotros de diferentes maneras, como nuestras tradiciones, manifestaciones religiosas, nuestra mentalidad, nuestro estilo de vida y de organización, nuestras maneras de buscar el bien común… nos fuimos dando cuenta de la fuerza indestructible que tiene esta raíz que retoña en nuestras personas y comunidades y, aún en la adversidad, sigue floreciendo y dando frutos.

El viaje de retorno de nuestra conciencia al lugar teológico, antropológico y sociológico originario (África), comenzó a ser considerado fundamental si queríamos ser una presencia auténtica, original, diferente, única que aportaba sus riquezas a la mexicanidad uniformante que predominaba en ese entonces y que se resiste a morir en la actualidad.

La desventaja educativa formal en la que nuestras comunidades se encuentran, porque las escuelas, por lo general, están lejos y están diseñadas desde ejes culturales diferentes a la afrodescendencia, hace que la negación y el olvido de la misma sea un realidad en muchas generaciones que fueron educadas en esas instituciones que las obligaron a “migrar” física, cultural y espiritualmente.

En la primera mitad de los años 2000 la voz de los pueblos afromexicanos comenzó a resonar en el ambiente político reclamando el derecho ciudadano con rostro específico (Derechos Constitucionales). Porque rescatar nuestra diferencia era condición para que nuestros pueblos fueran vistos, conocidos y reconocidos con la misma dignidad que tenían todos los mexicanos constitucionalmente, porque, aunque en la Constitución México es una nación pluriétnica y multicultural, los pueblos afrodescendientes eran invisibles y, por lo mismo, no eran sujetos de derecho, porque el pueblo mexicano no veía su existencia.

Ante las leyes mexicanas todos somos iguales, pero si no te ven, no tienes acceso a los beneficios y a la responsabilidad de esta igualdad. De hecho, la afrodescendencia en nosotros, con frecuencia, era considerada una “apariencia no mexicana”. Por eso comenzamos a construir nuestra dignidad mexicana desde nuestra diferencia afrodescendiente.


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